Blog de Manuel Saravia

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Así hablaba King

No voy a contar la historia de King, el protagonista de Una historia de la calle, de John Berger. Me limitaré a recoger, en defensa propia, algunas de sus frases más curiosas.

Sobre la necesidad de escuchar la risa. “Para empezar el día, Danny necesita oír risas, como otros necesitan una taza de té y un trozo de pan tostado con margarina”.

Sobre la conveniencia de hinchar los recuerdos cuando hace frío: “La gente tiende a exagerar cuando habla del pasado, porque las exageraciones son un buen abrigo contra el frío”.

Sobre los signos del miedo en el gaznate: “Me muero por intentarlo. Oigo estas palabras entre sueños y me sale un arrullo de paloma del fondo de la garganta, donde el gaznate se junta con la nariz. Esa parte que se seca cuando tienes miedo”.

Sobre las tres ecuaciones de la autodestrucción: “Humedad + frío = desesperación. Desesperación + hambre = no hay dios. No hay dios + alcohol = autodestrucción”.

Sobre la imperiosa necesidad de la locura en algunos momentos: “Todos en Saint Valéry necesitan algún tipo de locura para recobrar el equilibrio tras el naufragio. Es como caminar con un bastón. La locura es la tercera pierna”.

Sobre la voz de los puentes: “Quizá sucede lo mismo con mis tres puentes sobre el río, cerca de la playa. Forman las palabras NO ME OLVIDES sobre el agua. Salvo en las noches muy oscuras”.

Sobre el secreto más íntimo de algunos bares: “En este pequeño bar (…) el secreto que todos comparten y quieren olvidar es por qué no quieren volver a casa”.

Sobre el significado de los ladridos de King: “Un ladrido es una voz que se escapa de una botella diciendo, Aquí estoy. La botella es silencio. Roto el silencio, el ladrido anuncia, Aquí estoy”.

 


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