Blog de Manuel Saravia

Un conflicto planteado por una persona es legítimo

(Hilo 49)

En el libro de Ivan Illich titulado La convivencialidad (Barral, 1973) puede leerse el siguiente principio: “Un conflicto planteado por una persona es legítimo” (p. 70). Y más adelante: “El conflicto personal no es forzosamente una lucha por obtener un bien escaso. Puede también expresar un desacuerdo sobre los medios para asegurar la autonomía de la persona (…). El conflicto conducirá al derecho de caminar, de hablar, de leer, de escribir o de recordar en igualdad, de participar en el cambio social, de respirar aire puro y de emplear herramientas convivenciales” (p. 123). Y más abajo: “La palabra de la persona que vive como poeta es apenas tolerada como protesta marginal”. Repito: estábamos en 1973.

Ahora permítanme que cuente una historia más concreta. Vayámonos a Burgos. Entre los puentes que cruzan el Arlanzón hay uno muy curioso, llamado “de Bessón”. Originariamente de madera, lo construyó a sus expensas y en beneficio propio el que fue alcalde de la ciudad, Eduardo de Bessón, cuando ocupaba el cargo de director del Instituto de Segunda Enseñanza. Vivía este hombre al lado del Palacio de la Audiencia, en una casa construida en 1855 junto al nuevo paseo que enlazaba los del Espolón y la Isla. Y el instituto (entonces Colegio de San Nicolás) se encontraba al otro lado del río, a la misma altura de su casa. Para ir al trabajo debía desplazarse hasta el puente de Santa María, de manera que pareció mejor construirse un puente directo. Dicho y hecho. Sin rodeos. No hizo falta justificar el puente por el interés general ni para conseguir un acceso más directo a la Audiencia (hacia donde apunta la traza). Sencillamente, era el señor director. Por supuesto, la historia acaba con la intervención del Ayuntamiento, que en 1899 sustituyó el rudimentario puente inicial por otro con pilastras de piedra y barandilla de hierro forjado (lo cuenta Gonzalo Andrés, La estructura urbana de Burgos en los siglos XIX y XX, Burgos Cajacírculo, 2004).

Ésa es la idea, salvando todas las distancias. No es posible construir un puente donde cada persona lo requiera. Pero sí atender a lo que cada una crea que debería hacerse. Por supuesto, están los mecanismos institucionales de sugerencias y reclamaciones, y las distintas posibilidades de intervenir en las decisiones públicas. Pero antes de todo ello se encuentra la voluntad de atender, en lo posible, a los conflictos personales. De intentar resolver los desacuerdos desde la óptica de la persona más directamente afectada. Construir la ciudad reparando también en ellas. Si se hizo para Bessón, se puede hacer para todas. Un propósito de difícil cumplimiento, sin duda, pero que reclama al menos la intención de atender a cada persona. Especialmente cuando las reclamaciones vienen avaladas por cartas, escritos a mano y recortes de periódico guardados años y años en un sobre (yo me entiendo).

(Imagen del encabezamiento: el puente de Bessón. Foto de Ruth Copa, en Wikipedia).


Dejar un comentario