Blog de Manuel Saravia

Foto de familia con vidas imaginadas

Recordaba Remo Bodei (Imaginar otras vidas, Barcelona, 2014) cómo a nuestra vida natural se le pueden entremezclar y superponer otras vidas: narradas, imaginadas, inventadas. “En los mejores casos -decía-, respecto a la vida realmente vivida, las vidas imaginadas resuenan como los armónicos naturales en la música, vibraciones que acompañan la nota fundamental, enriqueciendo su timbre”. Formándose así una curiosa foto de familia con los amigos invisibles que a veces vienen a casa.

No sé. Con el Sócrates de cada uno, que se niega a dejar de aprender (a tocar la flauta, por ejemplo), incluso en el camino de la cicuta. O con quienes te acompañan en los “desiertos de bolsillo” (según la expresión de Bodei), donde se pueden provocar huidas temporales del mundo (Al-Mutámid: “fui feliz once días… no seguidos”). Veríamos, seguramente, reencuentros con viejos amigos que, de una u otra forma, se fueron hace tiempo pero que pueden regresar en la imaginación. Podríamos sentirnos (qué bien) compañeros de aventuras de algunos de nuestros “héroes de vida”. O de nosotros mismos, reconstruidos (a François Mauriac le preguntaron quién hubiera deseado ser, en lugar del famoso escritor y premio Nobel que ya era, y contestó: “Yo mismo, pero logrado”). Y sí, por supuesto: al lado de los Beatles.

Pero el repertorio que podamos hacer, que en principio solo es un juego sentimental, tiene también, para Bodei, interés político. Porque incluso la imaginación se nutre de las “semilla semiocultas” que están en el ambiente y que “contienen desarrollos desconocidos”. Estamos en un periodo de “intensa efervescencia colectiva”, con inmensas ganas de cambio (vivimos “uno de esos cambios macroscópicos de perspectiva histórica (…), un giro en la civilización”) que nos provoca “hambre de realidad (o de sentido)” cuando constatamos el agotamiento de muchas de las teorías vigentes hasta ahora. “No le queda a la política -sigue el autor- más que el difícil reto de reafirmar su trágica grandeza en el choque con las potencias diabólicas” de la desorientación. Cuando, como sabemos, “lo inevitable no sucede nunca, (y) lo inesperado siempre”. Y ahí estamos, evocando el impulso hacia lo mejor, a través de la imaginación de otras vidas.

En cualquier caso, sigo viéndome al lado de los Beatles. Eso sí: con la ayuda de la amistad, que está muy bien (gracias, Juan).

(Foto: portada de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de los Beatles).

 


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