Blog de Manuel Saravia

La broma que pudo haber sido y no fue

La fallida “calle de Leire Pajín”

Un problema con el que no se cuenta en la actividad política, difícil de resolver (si es que directamente no se abandona, como hace, según creo, la mayoría), es el del humor. Porque aplicar algunas dosis de humor en el día a día de la política es sumamente peligroso. En primer lugar, porque resulta extraordinariamente fácil meter la pata. Pero facilísimo. No digo ya entrar en el resbaladizo terreno de lo políticamente incorrecto (que también), sino directamente en el de lo decididamente incorrecto, sin más. Es algo que comparten los políticos con los demás oficios de cara al público, donde los comentarios tienen, presumiblemente, una difusión amplia y son, por lo tanto, más comprometidos.

Pero el problema se agrava cuando entra en juego la imagen del propio político, o del grupo al que pertenece, que si se dedica a hacer alguna broma pierde seriedad, y la guasa puede acabar contaminando la misma imagen concienzuda que se elabora día a día. Recuerdo haber leído, con ocasión de un 28 de diciembre (de 1985), un bando que publicó el entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, en el que declaró navegable al Manzanares. Le pusieron a caldo. Algunos, “víctimas de la indignación”, dijeron lo siguiente: “Hombres dedicados a las nobles tareas de gobernar y administrar la cosa pública (deberían) contar entre sus virtudes aquella de la honestidad, más que nada por eso del respeto hacia los gobernados, los que siempre soportan la tomadura de pelo”. Pero es que además se corre el riesgo de que si la broma triunfa y tiene amplio eco (algo que ahora no sería difícil, tal y como están las cosas), el gracioso se venga arriba y desde ese momento encadene una broma tras otra… y acabe siendo, efectivamente, el graciosillo de la clase.

Cuento todo esto porque hoy, en el café (¿dónde, si no?), se nos ocurrió que, para celebrar el día de la mujer, nada mejor que proponer al Ayuntamiento que dedicase una calle a Leire Pajín, en desagravio por todo lo que todo el mundo sabe que hay que desagraviar. Afortunadamente, una persona sensata nos hizo desistir de la propuesta, y quedó en lo que inicialmente era, una broma de café que acabó su recorrido al acabar el café.

(La imagen procede de urbanity.es)


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