Blog de Manuel Saravia

La virtud en la mirada

En esta borrachera de insultos, agravios, ofensas, descalificaciones e improperios que nos invade, afrentas y cortes (¿por qué se llamarán “zascas”?) al por mayor, que vivimos cada día en las redes y fuera de ellas, se echa mucho de menos encontrar actitudes como la de Aurelio Arteta en su libro de 2002 La virtud en la mirada (Pre-textos). El capítulo 7 es el mejor: “El valor de admirar”.

Empieza con una cita de Adam Smith: “El aprecio y admiración que naturalmente abrigamos hacia aquéllos cuyo carácter y conducta aprobamos, necesariamente nos predisponen a desear convertirnos nosotros mismos en los objetivos de sentimientos agradables análogos, y ser tan afables y admirables como aquellos que más amamos y admiramos”. Pero sigue (ahora ya habla él): “Sentir admiración cuando y como es oportuno -igual que ser capaz de amor o gratitud- sería un componente esencial del vivir bien”.

Y trae a colación a Camus: “Reconocí que es verdad que existen algunas personas más grandes y auténticas que otras. Y que forman a través del mundo una sociedad invisible y visible que justifica el vivir”. Porque “la perfección es norma del cielo; querer lo perfecto, la norma del hombre” (ahora habla Goethe). Y admirar tiene además otra potencia: “El mayor bien que hacemos a los demás no es comunicarles nuestra riqueza, sino descubrirles la suya”.

Y por último nos dice Arteta que “llegar a experimentar la admiración exige un esfuerzo por desasirse de uno mismo y acoger con alegría esa superioridad ajena que al principio y a primera vista nos empequeñece”. Y acabamos otra vez con Goethe: “Frente a los grandes méritos de otro no hay más medio de salvación que el amor”. Sí: esa clase de amor que le profesa su admirador.

(Imagen: Goethe, fragmento del retrato de Joseph Karl Stieler, 1828)

 


1 comentario

  1. Juanjo Hermoso - 12 abril, 2020 2:17 pm

    Me parece una reflexión interesante, desgraciadamente, a los insultadores profesionales no les afecta lo más mínimo. Yo les aolicaria el refranero popular. *Lavar el pelo a un burro es perder tiempo y champú*

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