Blog de Manuel Saravia

Los semáforos como síntoma

Hay gente a la que, por lo que sea, le gusta muchísimo regular todo. Cuanto más regulado, mejor. Otros prefieren hablar las cosas. Negociarlas. En la voluntad del acuerdo, en concertar, ajustar el comportamiento en cada caso. Y regular solo lo necesario.

Entre los primeros, Purujosa. Un municipio de Zaragoza de 43 habitantes. Se dice que es el pueblo más pequeño del mundo con regulación semafórica. Cuentan con ella desde 2001. En fin. No hay tráfico de paso, solo interno. Tampoco se sabe cómo han podido sobrevivir desde la Edad del Bronce sin semáforos. «Había jaleo porque se encontraba la gente cuando uno subía y otro bajaba», nos dicen. Pero, ¿eran tantos? ¿Qué hacían antes los carros? ¿Se tiraban por el barranco?

Entre los segundos, Drachten, una ciudad holandesa de 45.000 habitantes (de la región de Frisia), donde se construyeron, muy pocos años después de que se instalasen los semáforos en Purujosa, cruces y encuentros mediante espacios lisos, plataformas simplemente pavimentadas, sin segregaciones ni señalización alguna. Ni semáforos ni nada. Buscando la eficacia y la seguridad de otra manera. Que funciona. Nadie tiene prioridad en los espacios de cruce, donde, como dicen, hay que “negociar el comportamiento”. Se circula despacio, pero funciona muy bien.

Los accidentes disminuyeron, incluso en cruces utilizados por más de 20.000 vehículos/día. El ingeniero de tráfico que los diseñó se explicaba: “Esto es un espacio social. Por lo que cuando una mujer mayor está viniendo tú paras, porque es lo normal, el ser humano es amable”. Así de sencillo. Y funciona.

Creo que el contraste entre estos dos ejemplos, Purujosa y Drachten, puede ser útil, incluso para confrontar distintas formas de funcionamiento y conducta en las organizaciones. Donde hay quien prefiere confiar en “negociar el comportamiento”, y quien se inclina por concebir un semáforo en cada cabeza. Con esa contundencia implacable tan querida por algunos.

(Las imágenes del encabezamiento proceden de www.autofacil.es/senales-trafico/ciudad-senales-trafico; y rutasporalcanzar.wordpress.com/2008/08/04).

 

 


1 comentario

  1. Javier - 20 septiembre, 2021 4:24 pm

    Desde que volví de Madrid a esta, mi ciudad natal, he pensado que si algo sobra en Valladolid son semáforos, como referente tengo a la gran urbe, capital de España, la cual, no carente de ellos, si que posee muchas zonas donde a través de rotondas, cruces con cedas, es capaz de proporcionar que la gente tenga que «negociar» como bien se dice en esta entrada. Ciudad sería más amable si el centro se aliviara de luces de semáforos y se buscara soluciones más negociadoras.

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