Blog de Manuel Saravia

Luis Solana lo remata

Un artículo suyo a la defensiva deja en evidencia la política del Psoe

  

Pretende ayudar, pero desbarra. Luis Solana, antiguo Presidente de Telefónica con Felipe González y miembro de la Trilateral (como Trinidad Jiménez, por cierto), escribe en El Plural del 5 de octubre de 2010 un artículo titulado “Venga, Zapatero, explica las cosas” con la intención de echar una mano. Y dice claramente eso mismo: “Venga, Zapatero, explica las cosas”. La verdad es que otros muchos llevamos tiempo esperando a que, venga ya, Zapatero explique las cosas de una vez. Y no lo hace. Pero hemos leído el artículo de Solana y ahora lo entendemos bien: Anda, Zapatero, no lo expliques. Porque como todo lo que tengas que decir para justificarte sea lo que sugiere Solana, más vale que lo dejes.

Dice Solana: “Presidente, te oí el otro día en una entrevista en Radio Nacional de España. Estuviste muy bien. Y me dije a mí mismo: ¿por qué no explicará las cosas así más veces? (…) Porque nadie explica bien lo que pasa, por qué pasa y lo que se hace para que no pase. Porque si se explicase, la reacción sería muy distinta”. Hasta ahora vamos bien. Pero continúa: “¿Tú crees que es normal que estando haciendo en economía lo que hay que hacer nadie parezca entenderte? Que no es verdad que haya una dictadura de los mercados, que lo que hay es un funcionamiento normal de una economía que tiene las mismas reglas que usamos todos los ciudadanos en nuestras vidas. Explícalo”. Cielos: ¿hacemos todos esas cosas?

“Supongamos que has reunido unos ahorros ¿qué haces con esos dineros? Primero decides si quieres mucho, poco o nada de riesgo, luego decides la rentabilidad que quieres”. Seré muy raro, pero nunca he hecho nada semejante: “Primero decides si quieres mucho, poco o nada de riesgo, luego decides la rentabilidad que quieres”. O Solana es muy raro o lo soy yo. Nunca he pensado nada parecido. Nunca me he planteado si quiero mucho o poco riesgo “para mis ahorros”, y jamás he decidido “qué rentabilidad quiero para mis ahorros”. Pero ¿de qué habla este hombre? “Si esos ahorros son para garantizarte pensiones, la prioridad será la seguridad. Pues, en el mundo, muchos ahorradores han juntado sus dineros y se los han encomendado a unos gestores con una orden: no quiero riesgos”. Gestores de tus ahorros: ¿qué es eso, Solana? ¿En qué mundo vives? ¿Con quién charlas habitualmente? Y, sobre todo: ¿qué tomáis?

Pero sigamos: “Esos gestores suelen invertir generalmente en renta fija, especialmente en deuda de los Estados. Y ahí tienen mucho donde elegir. Deuda alemana y española, por ejemplo. Alemania no les da ningún miedo y aceptan que a cambio tendrán poca rentabilidad. España les da algún miedo y exigen intereses más altos. Eso significa que todos los españoles tenemos que pagar más impuestos (o reducir otros gastos) para pagar los intereses. Puede llegar a ser tremendo el precio que nos pidan para comprar nuestra deuda”. Ya, ya. Creo que lo voy entendiendo: ¡La culpa de la crisis la tengo yo! Les he dicho a mis gestores que compren deuda alemana y, claro, es tremendo el precio que nos piden. Insisto: ¿qué os metéis en el cuerpo?

Sigamos, sigamos. Que ahora vamos a justificar los recortes. “Cuando este peligro real ocurre, un buen administrador (tú o yo) reduce rápidamente sus gastos y trata de aumentar sus ingresos. Así, los que nos prestan (los mercados, los bancos, un pariente rico) estarán seguros que somos capaces de devolver lo que ya nos prestaron un día e -incluso- nos pueden renovar los créditos a un buen precio”. Ya, ya. Tenemos un pariente rico al que le tranquiliza mucho que reduzcamos los gastos, como sea. Solana: me estoy empezando a enfadar. “Presidente, has hecho lo que hacen todos los ciudadanos y todas las empresas ante sus deudas. Pero lo has explicado mal y dicen que te has `rendido a los mercados´ o que eres `prisionero de los mercados”. No, hombre, no. No se ha rendido. Ha hecho lo que tú y lo que yo: tranquilizar a un pariente rico porque dijimos a los gestores que comprasen deuda alemana.

Un poco más y lo dejamos. “Déficit público. Otra vez algo muy sencillo de explicar si se abandonan los términos técnicos. Supongamos que tú o yo gastamos más de lo que ingresamos con nuestro sueldo. Pues se produce un déficit; vamos que tenemos un agujero o un pufo. Para taparlo, se pide un crédito. Y empieza la rueda de los ingresos, los pagos normales más los pagos del crédito. Y no cuadra. ¿No te suena, empresario o ciudadano de a pie? Pues igual le pasa a España”. Ya, ya, ya. Igualito igualito. Hemos gastado mucho y hay que tapar agujeros. Pero vamos a ver: ¿nadie es responsable de que se haya gastado mucho? ¿Nadie asume ninguna responsabilidad de que haya agujeros? ¿Soy yo el culpable del disparate inmobiliario? ¿Era yo el gestor del dinero público? No, por Dios. Si lo hemos hecho bien (otro como Niño Becerra): “No es cierto que el crédito sea una forma equivocada de vivir. Digo más, sin crédito no hay desarrollo. Está analizado desde el Renacimiento”. Qué tranquilidad: lo sabemos desde el Renacimiento. Eso ayuda, sin duda. “Pero los créditos tienen dos condiciones para que el sistema no se hunda: 1º que el que presta sea un profesional prudente que no preste más de lo que calcula que puede razonablemente devolver su cliente o amigo; 2º que el que pide el préstamo sea una persona (ciudadano, empresario o Estado) que no se endeude más de lo que puede devolver con su trabajo, sus rentas o sus ingresos presupuestarios. Y hemos vivido años que todos hemos hecho todo lo contrario”. Atención a ese “todos”. “Todos hemos hecho lo contrario”. ¿Lo pillan? Somos todos, ha sido sin querer, en realidad cualquiera hubiera hecho lo mismo, y sobre todo: qué bien lo hemos pasado, ¿no?

Pues no. No, Solana, no. El intento es bueno, pero el resultado es patético. Sois absolutamente incapaces de dar una explicación medianamente decente de lo que pasa, de por qué pasa y de las decisiones que habéis tomado. Y cuando acabas pidiendo a los ministros “que repitan una y mil veces que esta política es plenamente socialista, que lo que piden ciertos `progresistas´ nos llevaría a todos los ciudadanos a la pobreza y a una crisis mayor” es para enfadarse mucho. Pero mucho, Solana. En fin: no tienes vergüenza.

(Imagen procedente de El Confidencial)

 

 


3 comentarios

  1. Alberto Bustos - 7 octubre, 2010 2:48 pm

    Hay una cosa en la que Solana tiene razón «Esto es el funcionamiento normal de los mercados».!Claro! es que no estamos de acuerdo con ese funcionamiento «normal», ni ahora, ni antes, ni después de la crisis. Este funcionamiento ha generado injusticias y exclusión social siempre. También lo generaba en el Renacimiento, aunque entonces a los que prestaban el dinero se les conocía con un nombre mucho más clarificador: «USUREROS»
    Aquí va un enlace muy chulo sobre esto tan inexplicable de la Economía de Mercado y la «Usura». Merece la pena echar un vistazo
    http://www.youtube.com/watch?v=ezcWNpU1HGA

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  2. Hugo - 8 octubre, 2010 1:36 pm

    Lo de los gestores invirtiendo en deuda fija y el porbrecito maestro allende el Atlántico que quiere asegurarse la pensión por medios privados es algo muy cacareado en los foros social liberales. Ser socialista supone garantizar que la pensión privada de un trabajador de USA esté asegurada, si no todo se cae. En realidad lo que estamos haciendo es pagar la pensión privada y el empacho de viviendas embargadas de esa parte del «todos somos culpables» que ha hecho que el capital especulativo fuera decenas de veces mayor que el destinado a la economía real. Esta es la forma en que se autorregula el mercado, siempre del lado de los que nunca pierden, main que pierdan.

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  3. saravia - 9 octubre, 2010 11:27 am

    Usureros: ésa es la palabra exacta, rigurosa, completamente adecuada. Hay que usarla más, sin duda. Y hay que buscar alguna que sustituya a la famosa «autorregulación». Pues, efectivamente, ¿qué autorregulación es esa que nos lleva con tanta asiduidad a caídas, explosiones y burbujas? Así se autorregula cualquier cosa. Así se autorregulan las avalanchas de nieve al desmoronarse o los volcanes al reventar.

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