Blog de Manuel Saravia

Cinco fragmentos de Zygmunt Bauman

Cinco brevísimos textos del sociólogo polaco, fallecido el pasado 9 de enero.

  1. La necesidad del ágora. La posibilidad de cambiar el estado de cosas “reside en el ágora, un espacio que no es ni público ni privado sino, más exactamente, público y privado a la vez. El espacio en el que los problemas privados se reúnen de manera significativa, es decir, no solo para provocar placeres narcisistas ni en procura de lograr alguna terapia mediante la exhibición pública, sino para buscar palancas que, colectivamente aplicadas, resulten suficientemente poderosas como para elevar a los individuos de sus desdichas individuales; el espacio donde pueden nacer y cobrar forma ideales tales como el ‘bien público’, la ‘sociedad justa’ o los ‘valores comunes”. (de En busca de la política).
  1. Donde los extraños se encuentran con extraños. Según Sennett, una ciudad es un asentamiento humano “en el que los extraños tienen posibilidades de conocerse”. Mas “¿qué significa que el entorno urbano sea ‘civil’ y, por lo tanto, un sitio hospitalario para la práctica individual de la civilidad? (…) Significa que una ciudad se presenta a sus residentes como bien común que no puede ser reducido al conglomerado de los propósitos individuales y como tarea compartida que no puede realizarse por medio de una multitud de propósitos individuales, como una forma de vida con vocabulario y lógica propios y con su propia agenda, que es (y debe seguir siendo) más extensa y más rica que cualquier preocupación o anhelo individual”. Los espacios públicos de la ciudad deben ser “hospitalarios para la práctica individual de la civilidad”. (De Modernidad líquida).
  1. Contando con la secesión de los triunfadores. En el mundo actual se observa “el desligamiento, indiferencia, desvinculación y extraterritorialidad mental y moral de aquellos a los que no les importa que se les deje solos en el supuesto de que los demás, que piensan de forma diferente, no les exijan que se ocupen de ellos y, sobre todo, no les exijan una participación en los beneficios de su vida”. Su mundo “ya no tiene domicilio permanente, a no ser el correo electrónico y el número de móvil. La nueva élite no está definida por localidad alguna: es extraterritorial en un sentido auténtico y cabal”. Una extraterritorialidad que “garantiza una zona despejada de comunidad”. Aunque viajan mucho su cosmopolitismo es selectivo y “particularmente inadecuado para desempeñar el papel de una cultura global”. Sus viajes “no son de descubrimiento”, y “la probabilidad de encontrarse a un extraño genuino y de afrontar un reto cultural genuino se reduce al mínimo inevitable; estos extraños, puesto que no pueden suprimirse físicamente (…) son eliminados culturalmente, arrojados al segundo plano de lo ‘invisible’, y de los que ‘se da por supuesto”. (De Comunidad).
  1. Fusión de horizontes. “Una estrategia arquitectónica y urbanística que fuera la antítesis de la actual contribuiría al afianzamiento y cultivo de sentimientos mixofílicos (en favor de la variedad y la mezcla): la creación de espacios públicos abiertos, atrayentes y hospitalarios, a los que acudirían de buen grado todas las categorías de residentes urbanos, sin tener reparo en compartirlos. Como destacó Hans-Georg Gadamer (…) el entendimiento mutuo nace de la ‘fusión de horizontes’ (…). La ‘fusión’ que requiere el entendimiento mutuo solo puede provenir de una experiencia compartida; y compartir experiencia es inconcebible si no se comparte el espacio”. (De Tiempos líquidos).
  1. Reconstrucción de la belleza. La historia de la belleza “puede considerarse paradigmática para el nacimiento y desarrollo de la líquida cultura moderna del residuo. En los primeros estadios del debate moderno sobre lo que es bello, los conceptos que surgieron con más frecuencia fueron los de armonía, proporción, simetría, orden y otros por el estilo. Todos ellos convergían en el ideal cuya más concisa formulación la encontramos en L. B. Alberti: el ideal de (…) perfección. Belleza significaba perfección, y era lo perfecto lo que merecía llamarse bello”. Sin embargo “la líquida cultura moderna ya no parece una cultura de aprendizaje y acumulación” hacia la perfección duradera. “Mas bien parece una cultura de la retirada, la discontinuidad y el olvido. En esta clase de cultura, y en las estrategias políticas y vitales que valora y promueve, no queda mucho espacio para los ideales. Menos espacio aún para los ideales que provocan un esfuerzo a largo plazo, continuo y sostenido, de pasitos que llevan con ilusión hacia resultados ciertamente remotos. Y no queda en absoluto espacio para un ideal de perfección (…). A la belleza (…) parecen haberle llegado malos tiempos”. (De Vidas desperdiciadas).

(Imagen: Dar-es-Salaam, Tanzania, 2009. Autor: BBM Explorer. Fuente: http://www.flickr.com/photos/bbmexplorer/4184798500/).

 


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