Blog de Manuel Saravia

Descansa, corazón

A veces un nombre basta para que una canción profundice su trabajo (de zapa). Sobre nosotros, claro. ¿No suena familiar el título? “Descansa, corazón”, nos dice. Buff. Será porque efectivamente tenemos cansado el corazón, que ya pide tregua.

Porque de un tiempo a esta parte no hay día en que no sepamos de un nuevo dolor, un desconsuelo, sin que se haga patente un nuevo daño, sin que explote una angustia o se inicie un calvario. El lunes era un dolor: “Si pago el alquiler, mis hijos no comen”, confesaba Virginia. Ayer mismo, desconsuelo: “Cuando más imprescindibles son, cuando son más los españoles con graves problemas como consecuencia de la crisis, los servicios sociales empeoran”. El sábado, una angustia: “El discurso antiinmigración ha alcanzado el corazón de Europa”. Unos días antes conocimos un daño que nos llegaba próximo: “Los expertos proponen pensiones más bajas en tiempos de crisis”. Y hoy mismo otro desaliento del que ya teníamos noticia: “Los profesores llevan tiempo detectando problemas de malnutrición entre una parte importante de los alumnos”. Un día y otro día, semana tras semana, un golpe tras otro, casi sin pausa, y el corazón respira con dificultad. Se va quedando sin aire.

Pero quiero creer que es un cansancio útil. Necesario para seguir oponiendo resistencia. Para no desmayar. Peter Handke publicó en 1989 un librito titulado Ensayo sobre el cansancio, muy persuasivo, donde disecciona distintos tipos de cansancio. Y da cuenta de uno especialmente sugerente. Un cansancio que él llama “radiante”, y que resulta parte de la respiración vital (actividad-cansancio), que parece pertenecer al curso de las cosas. Un cansancio que es una forma de estar sin fuerzas sorprendentemente positiva. Una manera de “estar tirado” que, paradójicamente, “da confianza en el mundo”. ¿Será éste nuestro cansancio? “Ésta es una imagen –dice Handke- del verdadero cansancio humano: el cansancio abre, le hace a uno poroso, crea una permeabilidad para la epopeya de todos los seres vivos”. Ahí está: hay cansancios que nos abren al mundo y nos sirven para seguir adelante.

Vale, pues. Tómate, corazón, una noche de reposo. Pero no mucho más, que hay que volver al tajo.

(Imagen: Noche estrellada sobre el Ródano, de Vincent Van Gogh)


2 comentarios

  1. Isiah - 17 julio, 2014 10:23 am

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