Blog de Manuel Saravia

Javier Pajín y Leire León

Uno de los principios fundamentales que deben acatar quienes se dedican a la política es el de intentar ponerse, una y otra vez, en el lugar del otro (de los otros, de las otras, de cualquiera que no seas tú mismo). Javier León dijo de Leire Pajín: “Cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a contar aquí”. Con esa declaración, además de no respetar su cargo ni a la ciudad que representa (¿no era consciente de que ostentaba la representación de Valladolid?, ¿no se dio cuenta de que hablaba como alcalde, no vio que había micrófonos?), ha demostrado una vez más que le cuesta ponerse en el lugar de los demás. O dicho de otra forma: gobierna para sí mismo.

¿Le parece normal, razonable o decente, que se hagan comentarios como los que él ha hecho sobre Leire Pajín (me refiero al primer comentario y también a la alucinante rectificación de los dibujos animados)? ¿Qué pretendía? ¿Considera que valía para algo semejante confesión? ¿Beneficiaba a alguien, aclaraba alguna cuestión, ofrecía información, aportaba un nuevo punto de vista sobre algún tema de interés? ¿Por qué hizo esas declaraciones? ¿No valora en absoluto la cortesía?

¿No podía haberse visto a sí mismo nuestro alcalde como si se llamase Leire León y un tal Javier Pajín le hubiese hecho aquel comentario? Morritos. Pena.

(Imagen: Gente en la calle; fotografía procedente de www.thetouristtravel.com)


4 comentarios

  1. Hugo - 22 octubre, 2010 8:35 am

    Eso como alcalde. Como profesional de la salud y en relación al comentario sobre los preservativos, ¿no debería investigarse si está capacitado para ejercer la medicina? Porque un ginecólogo frivolizando sobre la eficacia y utilidad de los preservativos es como un ingeniero cuestionando el airbag y los cinturones de seguridad.

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  2. Kike - 22 octubre, 2010 2:45 pm

    Las declaraciones de Javier León son impresentables, pero esa conclusión me parece muy aventurada, es un tipo al que los años de poder, y la ausencia de oposición, le han hecho creerse por encima, no distingue la radio del Salón de su casa. Dicho esto, no cabe ignorar que si hubiese llamado a Rubalcaba «calvo y feo» no habría habido tanto revuelo, realmente veo más machismo en el exceso de protección a Pajín, como si no se valiese por sí misma, que en las propias declaraciones.

    Pero de esta historia lo que más me sorprende la importancia que se da a las palabras frente a los hechos, El Alcalde hoy ha visitado las obras de «la plaza del milenio», que me parece un despropósito, y el Salón Inmobiliario, algo sabrá sobre como se ha administrado el suelo, y las preguntas son todas sobre su exabrupto de ayer, a todos les encanta el geiser.

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  3. Alberto Bustos - 22 octubre, 2010 4:56 pm

    El 90% de las veces que este individuo habla, perjudica la imagen de la ciudad. Después llegarán los esfuerzos por atraer turismo y congresos, pero el daño es irreparable mientras este sujeto siga en la poltrona.La imagen que se está creando recuerda a ese viejo «fachadolid» que se inventó Blas Piñar en la Plaza de Toros y que tanto daño nos ha hecho.
    Un problema paralelo a las nauseabundas y repetidas declaraciones del alcalde es que cuando este sujeto suelta alguna burrada de las suyas, oímos y leemos cosas como «sí, es verdad que es muy bruto, pero es un gran gestor» Parece que cuanto más cabestro sea, mejor está el tráfico en la ciudad.
    !Pues no!. Además de ser un indeseable personal y políticamente, es un verdadero desastre en la gestión municipal: Deuda salvaje, obras sin sentido, tráfico insoportable, contaminación disparada, ausencia de políticas de empleo y vivienda(excepto para su familia), elitismo cultural….Cada día decenas de jóvenes se van de Valladolid porque encuentran una ciudad bloqueada y sin futuro. !Qué no se nos olvide! Es un gestor desastroso.

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  4. saravia - 23 octubre, 2010 8:24 pm

    Es muy atinada (y ocurrente) la referencia al airbag de Hugo, sin duda. También el comentario de Kike sobre la manera en que un asunto tan «mediático» oscurezca todo lo demás. Y estoy absolutamente de acuerdo con Alberto sobre el «problema paralelo» de la consideración de León de la Riva como un gran gestor (no: no lo ha sido en absoluto, y a ponerlo de manifiesto debemos ponernos inmediatamente). Pero creo que es necesario subrayar la importancia de las palabras, de esas palabras que hemos oído sobre la ministra. El respeto está también ahí, en las palabras.

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