Blog de Manuel Saravia

Zona de divagar

Sí. Es Valladolid hace tres décadas. Que tantas veces ha vinculado su nombre a los diversos cursos de agua que se concentran en su emplazamiento. Está el Pisuerga, y a él llegaban en este ámbito los dos brazos del Esgueva y algún arroyo más. Por eso hubo quien defendió que estábamos en un Valle tolitum, o Vallisoliti, en un valle de aguas. No voy a discutir sobre la veracidad de esas etimologías del topónimo. Solo diré que me gustan, y que valen para situarnos. Y para divagar.

Porque según parece (Jordi Doce lo contaba no hace mucho) la lengua rumana se refiere al lugar de confluencia de dos o más ríos como “zona de divagar”. ¿No es sugerente? Confluencias, deltas y zonas pantanosas donde los ríos, ya casi en su final, se confunden y caminan dando tumbos, sin rumbo fijo, se desvían, se dispersan, vagabundean un poco y avanzan con dificultad. “Divagar, caminar sin rumbo, errar (en fin), en el doble sentido de rodar por el mundo y de equivocarse” (Doce). La verdad es que creo que han dado en el clavo: estamos de lleno en una zona de divagar. Por naturaleza. Es nuestra condición. Ahora lo entiendo todo.

(Imagen: Valladolid en 1980, procedente del Gis municipal: https://www10.ava.es/cartografia/).

 


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